Conquista y resistencia
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II. Conquista española y resistencia indígena en el siglo dieciséis

Durante el siglo dieciséis, la expansión castellana estuvo motivada por el afán de someter las poblaciones indígenas, con el fin de orientarlas al trabajo en tareas de extracción aurífera. En este sentido, en los inicios de la colonización hispánica de Costa Rica el objetivo principal de los españoles era el de lograr el control de aquellos territorios que se suponía poseían mayores recursos auríferos. De allí que hasta finales de esta centuria los españoles dedicaron ingentes recursos y esfuerzos a fin de someter las poblaciones del sur del país, reputado como el que poseía la mayor concentración de oro aluvial.

En el año de 1502, Cristóbal Colón fue el primer europeo que puso pie en territorio de lo que hoy día es la zona del Caribe Central de Costa Rica. Corría el mes de setiembre cuando los barcos bajo el mando de Colón se detuvieron en un punto situado entre la islita de Quiribrí (conocida hoy día como la Uvita) y el poblado indígena de Cariari, a orillas del actual río de Cieneguita. Según el relato de Fray Bartolomé de las Casas, la propia isla estaba cultivada y “parecía un vergel deleitable”, al punto que Colón la llamó “la Huerta”. Esta población dio muestras de su carácter guerrero pues, de acuerdo con el testimonio de este cronista:

“concurrió mucha gente de guerra con sus armas, arcos y flechas y varas y macanas, como haciendo rebato y mostrando estar aparejados para defender su tierra”. [i]

Luego de levar anclas y de secuestrar a dos indígenas principales, Colón continuaría su viaje rumbo hacia la costa de lo que se llamaría Veragua, ya en el actual territorio de Panamá. Precisamente en esta región, alentado por la existencia de oro, Colón trataría de establecer un primer asiento colonizador, aunque fracasaría debido a la tenaz resistencia que opusieron los indígenas a las acciones depredadoras y de saqueo llevadas a cabo por los hombres que le acompañaban en la expedición.

Algunos años más tarde la Corona cedió derechos de conquista y colonización a Diego de Nicuesa, a quien le fijó como límites el territorio de la costa del Caribe situado entre el cabo Gracias a Dios (actualmente en Nicaragua) y el Golfo de Urabá (entre las actuales Colombia y Panamá) Nuevamente, la resistencia indígena y la pérdida de materiales y provisiones por parte de los expedicionarios, causaron el fracaso de este segundo intento de colonización española.

Después de los fracasos de Colón y de Nicuesa, transcurierron veinte años antes de que los españoles tratasen de fundar nuevos núcleos de colonización en las costas del Caribe de Costa Rica. Las ciudades de León y Granada de Nicaragua se convirtieron en punto de partida de las campañas de exploración y conquista de nuevos territorios.

Fue en el año de 1529 cuando el gobernador de Nicaragua, el tristemente célebre Pedrarias Dávila, encomienda a Martín de Estete la exploración del río San Juan. Los ciento cincuenta hombres al mando de este conquistador realizan las primeras correrías en las llanuras del Norte de Costa Rica. También llegan a la zona del Caribe central de Costa Rica, a las llamadas tierras del cacicazgo de Suerre. La expedición de Estete fue propiamente una campaña de saqueo, cuyo objetivo era obtener oro y capturar indígenas para convertirlos en esclavos. Las acciones depredadoras de los españoles provocarían la encarnizada resistencia de los indígenas, por lo que la columna española se vio obligada a retirarse de estos territorios.

Cinco años más tarde, el rey nombró a Felipe Gutiérrez gobernador de Veragua, cuyos límites se fijaron nuevamente entre el cabo Gracias a Dios y la gobernación de Panamá o Castilla del Oro. Esta fue una empresa de conquista y colonización de gran envergadura pues Gutiérrez dispuso de gran cantidad de hombres y recursos.

Aproximadamente cuatrocientos soldados se embarcaron en España rumbo a las costas de Caribe de Costa Rica y Panamá. El desembarco de los españoles se llevó a cabo en un río que se supone fue el de Belén. Una vez instalado el campamento español, Gutiérrez organizó el lanzamiento de diversas columnas armadas a fin de “correr la tierra”. Pero, la encarnizada resistencia de los indígenas dio al traste con las intenciones de los hispanos.

Según las fuentes documentales, los nativos recurrieron a la táctica de quemar los cultivos, aún a riesgo de perecer por hambre, con el fin de impedir que los invasores tuviesen acceso a sus alimentos. Muy pronto los expedicionarios, una vez agotadas sus propias provisiones, tuvieron que afrontar el acuciante problema de la falta de comida. Gutiérrez abandonó la zona en un navío con sesenta de sus hombres. El resto de los españoles permaneció en el campamento, donde perecerían por hambre o combatiendo a los indígenas.

En el año de 1539 desde Nicaragua se organiza otra expedición dirigida hacia las llanuras del Norte de Costa Rica. Ciento veinticinco soldados, bajo la dirección de Alonso Calero y Diego Machuca, descienden por el río San Juan e irrumpen en las llanuras de los ríos San Carlos y Sarapiquí. Luego de obtener cierta cantidad de oro, los expedicionarios continuaron descendiendo por el río San Juan en busca del cacicazgo de Suerre, pues como afirmó un indígena mercader capturado por los españoles, dicho cacicazgo contaría con numerosos pueblos. No obstante, los hombres de Calero y Machuca, una vez llegados en barco al mar Caribe, continuaron navegando, sin finalmente detenerse en las tierras del cacicazgo de Suerre.

Un año más tarde, el presidente de la recién fundada Audiencia de Panamá se interesa por organizar una expedición de conquista dirigida hacia la región del Caribe sur de Costa Rica, la que pone bajo el mando de Hernán Sánchez de Badajoz. El grupo de expedicionarios se embarca en dos navíos, los cuales zarpan del puerto de Nombre de Dios el 15 de febrero de 1540. Ambas embarcaciones se detendrían en la desembocadura del río Tarire o Sixaola, donde Sánchez de Badajoz funda una ciudad que bautiza Badajoz. Tan pronto se instalan en la región, los españoles levantan una empalizada construida con troncos de árboles cuyo objetivo era detener los ataques de los indígenas. No obstante, pronto estallaría un conflicto entre este conquistador y el gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, quien consideraba como suyo este territorio.

Desde Granada parte este Gobernador al mando de una fuerte expedición que desciende por el río San Juan hacia el mar Caribe. Contreras llegaría con sus barcos frente a la empalizada levantada por Badajoz el 15 de noviembre de 1541. Debido a la superioridad del contingente de soldados y de indígenas auxiliares que trae Contreras de Nicaragua, Badajoz se vio obligado a rendirse a las fuerzas que dirige el gobernador de Nicaragua.

El aumento del número de españoles en la región, significó el incremento de la presión sobre los indígenas de estos territorios. Los foráneos, acosados por el hambre, saquearon los plantíos de pejibayes, yucas, maíz; varios jefes indígenas fueron sometidos a tortura. Uno de ellos, el cacique Coxele, logró escapar y “sublevó la tierra, porque era señor muy principal”. Los indígenas se adueñaron entonces de la empalizada que había construído Badajoz, incendiándola y reduciendo a cenizas el campamento español.

Después de los fracasos de Badajoz y Contreras, Diego Gutiérrez obtuvo de la Corona los derechos de conquista y colonización del territorio en el que había fracasado su hermano. No sería sino hasta el año de 1543, dos años después de su partida de España, cuando Gutiérrez y sus hombres logran arribar a la desembocadura del río Suerre.

En esta zona Diego Gutiérrez establece un campamento al que denomina Villa Santiago. Después Gutiérrez se aventuraría a continuar la exploración del territorio, adentrándose por el río Suerre hasta encontrar un poblado indígena de considerable extensión. En este punto Gutiérrez captura a dos caciques que las fuentes españolas denominan como Camaquire y Cocorí. Camaquire lograría huir, organizando poco después la resistencia indígena contra los invasores. Diversos grupos indígenas lograron confederarse y atacar sorpresivamente a los expedicionarios españoles. Aunque los indígenas no disponían mas que de piedras, palos y lanzas de palma atacaron por sorpresa, muriendo Diego Gutiérrez y otros treinta soldados españoles en el enfrentamiento.

Con la derrota de Diego Gutiérrez, los indígenas de la región del Caribe lograrían detener los avances de los conquistadores durante casi dos décadas. El revés de los españoles durante estos años fue el resultado de la combinación de tres factores: a) las características ecológicas del territorio, de alta pluviosidad; b) el escaso apoyo logístico de los expedicionarios al no contar con un cercano núcleo de donde recibir provisiones o refuerzos; c) la resistencia tenaz de los indígenas, quienes lograron forjar alianzas superando sus disensiones internas, enfrentando de manera eficaz a los invasores.

En la segunda mitad del siglo dieciséis, los intentos por dominar el territorio de la costa Atlántica resultaron nuevamente infructuosos para los españoles. Cuando se organizó la primera expedición orientada al sometimiento del área interior del país, en la década de 1560, se planeó como un doble ataque: La empresa de Cavallón y de Estrada Rávago tenía como objetivo lograr la comunicación desde el Pacífico hacia la zona del Caribe sur de Costa Rica. Pretendían ambos establecer una serie de ciudades-campamentos, desde la región del Golfo de Nicoya pasando por el interior del país hasta alcanzar el Caribe sur. Pero, los planes de fundar un asentamiento hispánico en el Caribe de Costa Rica terminaron de igual forma que los anteriores intentos, en un rotundo fracaso.

La siguiente campaña de conquista hacia el interior de Costa Rica la dirigió Juan Vázquez de Coronado, quien a finales de 1562 ingresó al interior del país por la vertiente del Pacífico. Tan pronto logró afianzarse en el Valle Central, Vázquez de Coronado trataría de avanzar hacia el Caribe. No obstante, por instigación del cacique de Aserrí, quien le había ofrecido su lealtad, este conquistador cambia de opinión y organiza una expedición hacia el territorio de los Quepos y los Cotos en la región del Pacífico sur. Una vez que se encontró en estos territorios Vázquez de Coronado trató de forjar una alianza con el cacique de los Cotos, de nombre Corrohore. Allí supo también de la existencia en esta región del sur del país de gran número de pueblos tanto en la vertiente del Pacífico como en la del Atlántico. No obstante, se vio obligado a regresar al interior del país ya que gran número de sus hombres se encontraban heridos y se le habían agotado las municiones de guerra.

En la región del Valle Central los soldados de Vásquez de Coronado fundaron la ciudad de Cartago en el territorio del denominado cacicazgo del Guarco. Afianzado en esta ciudad, Vázquez de Coronado enviaría hacia la región del Pacífico una columna con unos sesenta soldados fuertemente armados, en tanto él partió rumbo hacia Nicaragua en busca de refuerzos. Su objetivo era que sus soldados localizaran un buen sitio en la costa y fundaran un campamento que serviría de base de operaciones para la conquista de los territorios del sur del país. Pero esta expedición fracasaría debido a la tenaz resistencia de los indígenas de Coto y a la inclemencia del tiempo. No obstante, poco después Vázquez de Coronado arribó con un navío procedente de Nicaragua. De esta forma pudo reorganizar las fuerzas españolas en la región del Pacífico sur y así lanzarse  cruzar la cordillera de Talamanca, pues sus intenciones eran las de alcanzar la denominada provincia de Ara en la cuenca del río Tarire, reputada como la más rica en yacimientos auríferos.

Una vez que alcanzó la provincia indígena de Ara, Vázquez de Coronado se da cuenta de que carece de fuerzas suficientes para enfrentarse a los aborígenes. Entonces no le queda otra alternativa que la de regresar hacia el interior del país luego de realizar un rápido reconocimiento de los yacimientos auríferos y de repartir los supuestos lugares de minas entre sus soldados a fin de evitar la deserción de sus hombres.

Cuando Vásquez de Coronado ingresa a la recién fundada ciudad de Cartago la halla sitiada por indígenas rebeldes y los españoles en vigilia para evitar ser atacados. Los soldados que habían permanecido en Cartago se habían dedicado a saquear los cultivos de los pueblos indígenas y a exigir mano de obra para trazar la nueva ciudad, así como mantenían como rehenes a los jefes indígenas de Aserrí, Curridabat, Yorustí, Quircot y Puriricí. Sin embargo, el cacique Garabito quien controlaba gran parte del territorio situado entre el Pacífico central y el occidental del Valle Central logró escapar cruzando la Cordillera e instaura una zona de refugio para los indígenas en la región de los Votos, en el norte del país. Poco después Vázquez de Coronado decide trasladarse a España a fin de conseguir financiamiento que le permitiera reclutar nuevos hombres y adquirir pertrechos para continuar la conquista de Costa Rica. Después de su partida, los soldados que permanecieron en Cartago se encontraron en precaria situación, pues la rebelión indígena se volvió general.

Bajo la dirección del cacique Turichiquí del pueblo de Ujarráz, diversas poblaciones indígenas establecieron una alianza a fin de expulsar definitivamente a los invasores de sus territorios y recuperar su independencia. Pero los españoles lograrían revertir la situación con la llegada de soldados provenientes de Nicaragua bajo el mando de un nuevo gobernador, nombrado después de la muerte en España de Vásquez de Coronado.

Este era Perafán de Ribera, quien venía con la intención de alcanzar las áreas de yacimientos auríferos localizados en el sur del país. A principios de 1570, dejando en la ciudad de Cartago una guarnición de treinta soldados, Perafán de Ribera parte rumbo hacia las tierras del Caribe sur al mando de un contingente de sesenta y ocho soldados. Luego de atravesar las poblaciones de Corrosí, Atirro, Teotique, Chirripó, Pococí, Auyaque, Moyagua, Tariaca, Ciruro y el territorio de los Siguas o “Mexicanos”, intentaría finalmente establecer un campamento en el Valle de la Estrella. Pero los indígenas de la región resistieron tenazmente a los españoles a pesar de carecer de armas capaces de enfrentar el armamento español.

La expedición de Perafán de Rivera encontró las mismas dificultades con las que anteriormente habían topado todos los españoles que se habían aventurado en la región del Caribe sur del país. Hostigados por los indígenas y carentes de alimentos, los expedicionarios tuvieron que levantar el campamento y abandonar la región del Valle de la Estrella para trasladarse hacia la región de la Bahía del Almirante. En este sitio, incapacitados para explotar los yacimientos auríferos, los españoles se dedicaron a saquear los cementerios de los poblados abandonados. Pero pronto su situación se tornaría desesperada.

Por ello, Perafán de Ribera tomó la decisión de atravesar la Cordillera de Talamanca con rumbo hacia la Vertiente del Pacífico y desde allí regresar hacia Cartago. Su expedición terminó entonces en un rotundo fracaso, por lo que al final abandonaría la provincia de Costa Rica.

Al término de la gobernación de Perafán de Ribera poco se había avanzado en la colonización del territorio de Costa Rica. Doce años habían transcurrido desde la entrada de Juan de Cavallón al interior del país y Cartago no era otra cosa que un campamento en el que permanecían unos cuarenta soldados. De allí que, los intentos de asentamiento realizados en el curso de las expediciones de Cavallón, Vázquez de Coronado y Preafán de Ribera fracasaron pues no pudieron vencer la resistencia de los indígenas a fin de ponerlos a trabajar en la explotación de los yacimientos auríferos, condición necesaria para obtener financiamiento que garantizara la colonización en el interior del país.

Después de la renuncia de Perafán de Ribera a la gobernación de Costa Rica, la Audiencia de Guatemala nombró interinamente como gobernador de Costa Rica a Alonso Anguciana de Gamboa, vecino de Granada. A diferencia de Perafán de Ribera, Anguciana disponía de amplios recursos financieros que había logrado amasar en Nicaragua. También su principal interés era alcanzar los yacimientos auríferos del sur del país. Con este fin trajo de Nicaragua treinta esclavos negros entrenados en la localización de yacimientos de oro aluvial. A principios de 1574 Anguciana de Gamboa desembarca en las costas de la gobernación de Costa Rica. Sabe, sin embargo, que el nombramiento que le ha conferido la Audiencia de Guatemala tiene validez por poco tiempo. En realidad el Rey ha concedido la gobernación a Diego Artieda Chirinos; pero como éste permanece aún en España, Anguciana decide llevar a cabo sus proyectos. Uno de sus principales designios era el de establecer un puerto en la costa del Caribe. Con este fin partió desde Cartago con una compañía integrada por 50 soldados rumbo a la desembocadura del río Suerre donde logró capturar un cacique. Pero no logró permanecer mucho tiempo en la región como consecuencia de la resistencia que le opusieron los indígenas del área del Caribe.

El sucesor de Anguciana de Gamboa, Diego Artieda Chirinos llega a la provincia de Costa Rica con la clara intención de fundar un puerto en la Bahía del Almirante en la región del Caribe sur. En febrero de 1577 Artieda Chirinos organiza una expedición hacia el Valle del Guaymí, en el extremo meridional de la gobernación de Costa Rica. Pero considera que el mejor modo de alcanzar esta región es por vía marítima. Por ello se traslada a Nicaragua, para desde la ciudad de Granada navegar por el lago y por el río San Juan, a fin de llegar al mar Caribe y desde allí dirigirse hacia la Bahía del Almirante.

Una vez en esta región, funda a finales de 1577 un núcleo de colonización al que bautiza con el nombre de Artieda. Sus intenciones eran emplear este asentamiento como base de operaciones para establecer el control de los yacimientos auríferos. No obstante, los indígenas le opondrían una tenaz guerra de resistencia por lo que Artieda se vio obligado a retirarse hacia Granada. Fue éste el último de los intentos de colonización hispánica en esta región durante el siglo dieciséis.

Otra región que escapó a la dominación de los hispanos fue el vasto territorio que se extendía a partir de la laderas septentrionales de los volcanes de Poás y de Barva, especialmente las inmensas llanuras comprendidas entre los ríos que desembocan en el San Juan. No obstante, los conquistadores no mostraron mayor interés por controlar esta región ya que allí no se encontró oro. Por ello, desde las exploraciones llevadas a cabo por Alonso Calero y Diego Machuca en 1539, no hubo más intentos por controlar estos extensos territorios. En la década de 1560, Juan Vázquez de Coronado se refirió a esta región mencionando lo relativamente cercana que se encontraba del río San Juan y en este sentido señalaba la posibilidad de establecer una ruta de comunicación entre la banda oriental del Golfo de Nicoya y este río, enlazando así la costa del Pacífico y la del Atlántico:

“Están los Botos ribera del río llamado Pocosol que entra en el Desaguadero; y a dos leguas de los Botos pueden llegar, a lo que se entiende, las fragatas de Nombre de Dios que van a la ciudad de Granada. Desde los Botos, que están donde digo, hacia la Mar del Norte, al puerto de Landecho, habrá veintecinco leguas, todas tierra fría y sana, de mucha gente y comida y por manera que es razón esté Vuestra Magestad advertido de este caso para la contratación del Pirú que podría ser cosa cómoda por esta provincia y viaje más breve y más cercano que por otra cosa(...). [ii]

Este proyecto no se llevó a cabo, aunque nuevamente en 1591 se volvió a mencionar esta posibilidad de enlazar por medio de una ruta terrestre el río Sarapiquí con la ciudad de Esparza en el Pacífico. [iii]

Al término del siglo dieciséis, los españoles asentados en la ciudad de Cartago implantaron su férrea dominación sobre las poblaciones indígenas asentadas en el interior del país. El expediente mayormente empleado para someter a los aborígenes fue la captura de los líderes indígenas y el saqueo de los cultivos indígenas. Aquellos que trataron de escapar huyendo hacia las montañas cercanas fueron violentamente sacados de estos lugares, sus ranchos sistemáticamente incendiados y llevados los indígenas hacia las reducciones o “pueblos de indios” establecidos en el Valle Central. No obstante, es probable que en las dos últimas décadas de esta centuria se haya producido una considerable migración de indígenas que lograron escapar de las reducciones del Valle Central para trasladarse hacia las “áreas refugio” de Talamanca y Guatuso. [iv]

[i] León Fernández, Historia de Costa Rica durante la dominación española. 2 ed. San José: Editorial Costa Rica, 1975, pp. 18-19.

[ii] Cartas de relación de Vásquez de Coronado fechada el 5 de enero de 1563, San José: Academia de Geografía e Historia, 1964, pp. 18-19.

[iii] Colección de documentos para la Historia de Costa Rica. (Compilados por León Fernández). (CDHCR), París, Barcelona, San José, 1886-1907, Tomo V, pp. 643-645.

[iv] Vid. Ibarra Rojas (1991) Op.cit., p. 13 y Eugenia Ibarra Rojas “La organización clánica en el Valle Central y Talamanca en el momento de la conquista. Siglos XVI y XVII”. En Costa Rica colonial. Publicación de la Comisión Costarricense del 5to Centenario del Descubrimiento de América. San José: Ed. Guayacán, 1989.