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En el siglo dieciséis, los principales esfuerzos de los colonizadores hispánicos se concentraron en la región del Caribe sur con la intención de controlar los supuestos importantes yacimientos auríferos existentes en esta zona. No obstante, la resistencia indígena expulsó a los españoles de este territorio. Durante toda esta centuria los europeos fueron incapaces de establecer asentamientos de colonización permanentes teniendo que abandonar esta región luego de sus infructuosos esfuerzos. En el siglo diecisiete, lograron los españoles implantarse en el Caribe sur con la fundación de la ciudad de Santiago de Talamanca en 1605. Sin embargo, esta situación terminaría cinco años después en un estrepitoso fracaso. Bajo la dirección del usékar Guaycorá la rebelión de los indígenas expulsó a los 120 colonos españoles hacia la ciudad de Cartago reimplantando la soberanía de los indígenas en el Caribe sur. A finales de dicha centuria el afán colonizador sería sustituido por el envío de misioneros, aunque con escolta militar. No obstante, la rebelión indígena dirigida por los líderes autóctonos Comesala y Pablo Presbere impidió que estos continuaran siendo llevados a trabajar en las plantaciones de cacao en Matina logrando mantener Talamanca al margen de la colonización española hasta finales de la dominación colonial. En la región de las llanuras del norte, en el territorio de los Guatusos o Votos, la situación fue diferente desde la perspectiva española. Aparte de las incursiones de Sibaja y de Retes en la década de 1640, así como de otra expedición organizada en 1665 a fin de capturar casi un centenar de indígenas para su traslado a Matina, no hubo mayor interés por estos territorios por parte de los colonos de Cartago, los cuales se convirtieron en zona de refugio indígena desde finales del siglo diecisiete. Hacia las llanuras del norte, huían los indígenas procedentes de las zonas bajo dominación española y en este sentido, los autóctonos lograron preservar su soberanía en esta región hasta finales del período colonial y aún posteriormente. Por último, pero no de menos importancia, cabe destacar el papel desempeñado por los líderes religiosos indígenas en la organización de los movimientos de resistencia contra los españoles. Tanto en la sublevación de 1610, que acabó con el núcleo de colonización hispánica de la ciudad de Santiago de Talamanca, como en la rebelión generalizada del año de 1709, los documentos españoles dan a entender que los respectivos jefes en ambas insurrecciones fueron chamanes o usékares: Goaycorá en 1610 y Presbere en 1709. Aunque la documentación disponible es escasa respecto a los móviles e intenciones, así como la forma en que se organizó la alianza de las distintas étnias indígenas para enfrentar al invasor, es evidente que fue necesaria la mediación de estos chamanes o usékares. Tal como lo han mostrado diversos estudios antropológicos, son los chamanes quienes por su capacidad de “convocación de los espíritus sobrenaturales”, se convierten en “líderes naturales” de las sociedades tradicionales, instruyendo al resto de la población sobre lo que deben hacer con el fin de regenerar el orden social dislocado por la presencia de misioneros y soldados españoles. El carácter ideológico-religioso de las rebeliones indígenas es también patente en las acciones que llevan a cabo los sublevados con los frailes y los ornamentos de la liturgia cristiana. En 1618 pereció fray Rodrigo Pérez y en 1709 los frailes Pablo de Rebullida y Antonio de Zamora. En la rebelión de 1618 los indígenas se apoderaron de los ornamentos religiosos y exhumaron a los autóctonos que con anterioridad habían sido enterrados según los ritos cristianos. En la rebelión de 1709 también fueron destruidos los ornamentos religiosos cristianos e incendiadas las capillas levantadas por los frailes en Talamanca. Todo lo anterior demuestra cómo la religión como ideología constituyó el punto central del enfrentamiento entre indígenas y españoles, así como el hecho de que el simbolismo mágico-religioso jugara un papel fundamental en la resistencia de los indígenas contra los intentos de colonización española en Talamanca. Por ello, es necesario estudiar las actuales sociedades indígenas de Costa Rica pues ellas conservan en sus tradiciones y visión del mundo aquel pensamiento mágico-religioso que actuó como catalizador de movimientos de rebelión indígenas. Para terminar, conviene entonces citar las conclusiones de la investigadora Eugenia Ibarra: “...para rescatar a [los] actores indígenas como las personas que fueron, y, por medio de ellas, comprender sus acciones, es imprescindible profundizar en el conocimiento de su sociedad. Para el cumplimiento de tal objetivo, el trabajo interdisciplinario es fundamental [...] sólo así podremos abrir el espacio que les correspondió en la historia de siglos pasados, la que contribuye a comprender el presente de estos grupos.” |
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