Extracto de mural pintado por Eusebio Lázaro, artista indígena de Rey Curré

 

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Historia Boruca
 

La villa de Boruca (Brúncajc) está situada al sureste de Costa Rica, hacia la costa pacífica, y es el distrito No. 4 del cantón de Buenos Aires, en la provincia de Puntarenas.

A la llegada de los españoles, la sección sureste de lo que ahora es Costa Rica, estaba habitada por pueblos indígenas de origen común que compartían similitudes de lenguaje, sistema social, tipo de vivienda y tradiciones. El proceso de colonización y conquista de esta zona se llevó a cabo entre 1563 y 1875, provocando una consecuente ruptura de los sistemas sociales tradicionales de los indígenas y una migración masiva de ellos hacia zonas montañosas.

Para esta época, algunos de los pueblos indígenas del país disminuyeron de tamaño o se extinguieron debido a las luchas con los colonizadores, a las guerras internas y a la intromisión de los españoles que trajeron enfermedades contagiosas.

La primera mención de los borucas data de 1562, en donde figuran Borucaca -adaptación de la palabra boruca Brúncajc- y Turucaca (Vázquez de Coronado 1977:10). Cuando Juan Vázquez de Coronado va a la zona sur de Costa Rica, en 1563, llegan a visitarlo unos indios, entre ellos Giriara, cacique de Borucaca y Turucaca. En vista de que a menudo se citan los dos pueblos, es muy probable que Borucaca y Turucaca pertenecieran a un grupo culturalmente afín. En 1569 se vuelve a citar a Boruca como un palenque con más de 350 indios, distante de Coctu 3 leguas (unos 17 km.) y su cacique se llamaba Guayabí (repartimientos de Perafán de Rivera, en Fernández 1976: 26-30). Vázquez de Coronado (Fernández 1976: 27) cita a un tal Guaibi como cacique de Coctu en 1563. De ser el mismo Guayabí de los repartimientos de Perafán, es muy probable que los coctus, vecinos de los borucas, también estuvieran emparentados o muy relacionados con los borucas, lo cual explicaría por qué figuran borucas y coctus mencionados juntamente en la documentación colonial, y por qué el obispo y el cabildo eclesiástico de Panamá quisieran, en 1629, fundirlos en un solo poblado (Fernández 1889:171).

Los borucas fueron “pacificados” en 1608 y en 1629 se fundaron los pueblos de San Diego de Acuña y San Juan de Calahorra. Después se estableció el pueblo de Boruca como parada para el “camino de mulas” que había sido abierto ya en 1601 por Gonzalo Vázquez de Coronado. Boruca fue el resultado de la unión de varias comunidades indígenas del Pacífico Sur y constituyó durante el siglo XVII el principal centro económico de la zona sur.

En una relación de 1680, escrita por Juan Alvarez de Ulate, se describe a Boruca en los siguientes términos:

Fúndase de una iglesia, un convento y doce casas que llaman palenques, todas pajizas. Su fundación es en la parte que la hizo el maestre de campo don Juan de Salinas, gobernador de esta provincia. He adelantádola en casa de común, cabildo de justicia, venta y mesón de pasajeros y cinco casas; he sacado algunas familias que tuve noticia había en la montaña y las puse en la población de Boruca, y les nombré alcaldes y regidores. (Fernández 1976: 63).

De la lectura de la documentación colonial se infiere que a los españoles no les fue fácil dominar -pacificar, como se decía en la época-, a los borucas. El "encuentro" de ambas culturas no siempre trajo los resultados esperados, muchas veces llenos de violencia por parte de uno y otro grupo. Son varios los documentos coloniales que relatan las vejaciones hechas por autoridades civiles y eclesiásticas a los borucas. En 1711 el obispo Garret y Arloví informa que los borucas

tienen dos fieros huracanes que los contrastan, porque el teniente que tiene allí puesto el Gobernador... para que le tiñan hilo morado, los hace vivir como brutos en la playa por meses enteros, sin oír misa y desollándolos a azotes para que acudan con la porción de hilo que se les ha repartido; por otra parte el mismo padre franciscano practica con ellos la misma crueldad, para que con dicho hilo morado, como género más noble, le paguen la ración. (Fernández 1889: 301).

Por su parte, los borucas asaltaban las caravanas de mulas que iban a Panamá, según consta en un manuscrito de 1629 (Fernández 1889:185). A la larga, de las refriegas que hubo entre los dos grupos nació la tradición de la fiesta de los diablitos, en representación del triunfo y de la guerra entre españoles y borucas (Constenla y Maroto 1979:152). Otros, nada contentos con el nuevo dominio, optaron por huir a los montes. Todavía se cree que hay grupos retirados, moros (es decir, sin bautizar) conocidos como chánguinas, cú ra rójc o cajcshí rójc, pues no siempre acataron los deseos de los misioneros, de verlos hechos fervientes católicos. En 1702 escribe Fray Pablo de Rebullida:

el pueblo de Boruca está hoy perdido, pues al padre quando va no le quieren sacar las criaturas para bautizar y se han muerto sin bautismo. ¿Pues por qué? Porque ellos son burlones del padre y hazen chacota del padre quando los llama a confesar. Y así, aunque caigan enfermos, no quieren llamar al padre. (M. Ruz 1991: 280).

De esta forma, aunque en los informes generalmente figuran como indios cristianos, la realidad parece haber sido otra (cfr. Ibarra 1990: 42). Por ejemplo, en 1702 el citado Fray Pablo de Rebullida dice que

en los borucas los padres me han dicho que matan mulas ha honras del difunto, y si el difunto es rico suelen matar sus esclavos. (Ruz 1992:282).

Debido básicamente a la sustitución paulatina del “camino de mulas” por otros rumbos, la importancia de Boruca disminuyó dejando de ser el medio por el cual se hacía el comercio entre Costa Rica y Panamá. Con  la construcción de la Carretera Interamericana en el presente siglo, quedaron aún más aislados, provocando además un aumento de las migraciones de campesinos no indígenas hacia la zona y el florecimiento de otras comunidades que se convierten en centros económicos y toman el lugar que en el pasado tenían las comunidades boruqueñas.

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